Los aceites o aromas esenciales se popularizaron hace ya varios años gracias a las industrias médica y farmacéutica que introdujeron la aromaterapia, aunque la primera en usarlos fue la industria cosmética para producir perfumes. Poco a poco otras industrias comenzaron a incorporarlos en sus productos y hoy solemos encontrarlos también en alimentos, licores y ambientadores de espacios.
Los aceites esenciales son una mezcla de sustancias aromáticas naturales que están en las plantas y que son las responsables de las fragancias y los aromas de las flores y los frutos. Pero ¿cómo salen de las plantas y llegan a productos como los ambientadores? Veamos:
La obtención se puede hacer por distintos métodos. El más frecuente es la destilación, es decir, la extracción en corriente de vapor. Este proceso deja como resultado una porción de agua que se conoce como hidrolato y aquí queda retenida de forma natural una pequeña cantidad de aceite esencial, como también metales y oligoelementos.
Hay otros procesos menos comunes, pero igual de funcionales, como la presión en frío, la maceración o la disolución en aceites vegetales. Este último se usa mucho para extraer los de los frutos secos.
Los aceites se encuentran en diferentes partes de las plantas, como flores, tallos, hojas, raíces, frutos y cáscaras de frutos, y de cada uno sale un aceite diferente, lo que permite que haya mucha versatilidad de fragancias y que los aromas sean distintos según la marca del producto, incluso cuando provienen de una misma planta.
El plus de los compuestos esenciales
Los aceites esenciales tienen la capacidad de actuar rápidamente a través de vías respiratorias, pues al entrar en contacto con las mucosas nasales provocan un estímulo en los nervios del olfato (en incluso en el sistema circulatorio a través de la piel) que terminan enviando señales a zonas del cerebro asociadas con las emociones y la memoria, así que es bastante común que un aroma te recuerde a personas, situaciones, objetos, lugares o experiencias particulares.
Sus compuestos de origen natural contienen elementos aromáticos y principios activos que cumplen funciones terapéuticas, de ahí que puedan generar sensaciones de alivio, bienestar, calma, tranquilidad, serenidad, plenitud, entre otras, aun cuando no se aplican directamente sobre la piel, como en el caso de los ambientadores de espacios.
Y es por esto por lo que se usan en ambientadores para hogares, oficinas y locales, como los de Brizzé, que contienen aromas esenciales de plantas y frutos como jazmín, eucalipto, naranja, lavanda, vainilla, canela, manzana, y que crean un ambiente fresco en espacios como baños, cocinas, closets, habitaciones, corredores, salas, garaje, basurera, entre otros.

